Cuatrogatos libros para niños y jóvenes
Inicio
Nosotros
Archivo
Blog
Enlaces
 -.
  Mis cuentos de caballos
Ivette Vian Altarriba
Ilustraciones de Estela
La Habana: Gente Nueva, 2009
 

Ivette Vian Altarriba es una autora clave cuando se habla de cuentos para niños en Cuba (y en Latinoamérica). Su amplia producción incluye El telescopio de David (1989), Curundán y Busula (1992), Siete cuentinos (1993), Cartas a Carmina (2002), Una vieja redonda (2005) y un largo etcétera de títulos. En esta antología temática se reúnen seis relatos suyos, incluidos anteriormente en distintos libros y concebidos en diferentes décadas, que tienen la figura del caballo como común denominador. 

El volumen se inicia con "El eco de la montaña", un relato musical, destinado a los lectores pequeños, que se publicó por primera vez en Casa en las nubes (1998). Del énfasis que se hace en la musicalidad dan prueba el nombre que el niño protagonista elige para el caballo salvaje que encuentra camino de una montaña –Chócolin Chácala– y la canción que entona "como un ruiseñor, como un sinsonte, como una fermina perdida y oculta entre el montecito", mientras galopa sobre él:

Flores de ilang
y de cristal.
Río de cielo
y tipitán. 
El segundo cuento, "El eterno Pablo", está tomado de La Marcolina (1984), quizás el libro más representativo y equilibrado entre los que ha dado a conocer la autora hasta el momento. Aquí, el registro es diferente, entre melancólico y evocador, y la relación entre el abuelo Pablo, el pequeño Pablito y el caballo Relincho sugiere una delicada parábola sobre los ciclos de la existencia humana y el poder de la memoria.

"El unicornio", extraído también de La Marcolina, es uno de los primeras narraciones que escribió Ivette Vian y uno de sus "clásicos" indiscutibles. El texto vio la luz por vez primera a mediados de los años 1960, en las páginas del semanario infantil Pionero, a cuyo equipo de redacción, siendo muy joven, perteneció la escritora. Este relato fluido y con tono farsesco, actualiza desenfadadamente el mito del unicornio y lo instala en la realidad de la isla. 

A continuación encontramos "Un caballo pintado", cuento tomado del primer libro que publicó la autora: Como te iba diciendo... (1977), donde aparece con el título "La cebra del compay Luis". Bueno, en honor a la verdad este cuento es una gran broma: el caballo al que alude el título es una cebra que se fascina con las décimas que, acompañándose con su guitarra, canta Juan Pérez, un cubano que viaja a Africa a visitar a su amigo Osei Tutu. 

El quinto relato "La Luna en Las Quimbambas" resultó ganador, en 1992, del premio latinoamericano de cuento infantil Cocorí, convocado por el Ministerio de Juventud, Cultura y Deportes de Costa Rica como parte de las actividades de su programa de fomento de la lectura "Un libro, un amigo". Se dio a conocer en un volumen en el que se recogieron tanto el texto ganador como otros diez que resultaron finalistas del certamen. (Basta revisar los nombres de algunos de los autores publicados en ese tomo para constatar el alto nivel de calidad que tuvo el concurso: Ana María Machado, María Teresa Andruetto, Armando José Sequera, Carlos Rubio, Iris Rivera, Chely Lima...). Después, el cuento fue incluido en Coco Pascua, libro de Ivette Vian publicado en 1997.


Ilustración de Estela.

En "La Luna en Las Quimbambas", Vian retoma creativamente dos personajes arquetípicos del cuento maravilloso y la mitología: la bruja y el pegaso. La acción transcurre en Las Quimbambas, un pequeño pueblo campesino. No era un pueblo famoso, aclara la voz narradora: "No aparecía en cuento alguno porque ninguna de sus once casitas era de dulce, de chocolate ni de mazapán". Para empeorar las cosas, "las gallinas en sus corrales jamás habían puesto huevos de oro". Lo que sí había en Las Quimbambas, y en abundancia, era brujas: "una bruja en la ventana de cada niño". 

Pablito, el niño protagonista, tiene un encuentro con una de esas brujas y como consecuencia de esa confrontación (un duelo de mentiras que nos remite al que sostienen el héroe y la princesa del cuento "Meñique", de Laboulaye, traducido por José Martí e incluido en el número de julio de 1889 de su revista La Edad de Oro), a su caballo le salen alas y echa a volar en la oscuridad de la noche. "Parecía un ángel de cuatro patas, parecía un avión blanco, parecía un ángel con cara de caballo". Ese es el inicio de una colorida fantasía poética sobre la libertad y el derecho del ser humano a soñar.

Para cerrar el volumen, Vian eligió el cuento "Historia de un caballo que era bien bonito", que, como su título adelanta, está inspirado en el relato hóminimo del autor venezolano Aquiles Nazoa (incluido en Vida secreta de las muñecas de trapo, 1975) y le rinde un imaginativo homenaje intertextual. En el relato de la autora cubana, una compañía teatral de París se prepara para llevar a escena la obra de Nazoa. El grave problema que confronta su director es: ¿quién interpretará el papel del caballo? Inicialmente piensa en construir uno de yeso, pero llega a la conclusión de que eso desilusionaría al público, pues "ese caballo nunca aprendería a morirse, siempre tendrían que empujarlo y entonces caería con un estrépito de muñecón hueco". La solución está en contratar a un caballo de verdad. 

La búsqueda del corcel protagonista se convierte en un verdadero dolor de cabeza, hasta que un día "un agraciado caballo de larga cola", que habla "en perfecto francés", acude al teatro y se ofrece para asumir el papel. La trama que se desarrolla a continuación mezcla, muy en el estilo de la Vian, elementos absurdos y líricos, expuestos por un peculiar narrador que logra un atrevido equilibrio entre la expresión literaria y las construcciones de la oralidad.

A manera de exordio, precediendo los seis relatos, aparece una breve viñeta tomada de Del abanico al zunzún (2001), una suerte de diccionario personal publicado por Ivette Vian:

Caballo. No tiene alas. No tiene un cuerno en la frente. Ni la mitad delantera de su cuerpo tiene forma de hombre. No emerge de las aguas junto al dios Neptuno. Los caballos no son clarividentes ni adivinos. La velocidad de sus patas no alcanza la del viento ni la de la luz. Sus herraduras no traen buena suerte. Todo eso es incierto, son habladurías, leyendas. Pero el que posea un caballo de verdad. ¡que lo cuide como un tesoro divino!
La edición de Gente Nueva, en formato de 21 por 27 centímetros, tiene una atractiva cubierta. Lamentablemente, el diseño interior no resulta especialmente afortunado y sus grandes bloques de texto limitan la creatividad de la ilustradora Yuneiky Estévez Dieppa (Estela). Aun así, se trata, tanto por su contenido como por su propuesta gráfica, de uno de los títulos más significativos entre los publicados por esta editorial de La Habana durante los últimos tiempos. Mis cuentos de caballos es un merecido homenaje a una importante figura de la narrativa infantil en nuestro ámbito lingüístico, y un regalo para lectores de muy diversas edades.

Antonio Orlando Rodríguez 

para leer otras reseñas de libros haga clic aquí

 -
correocuatrogatos@gmail.com / Miami, Florida, Estados Unidos