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La risa de los cocodrilos
María Baranda
México DF: El Naranjo, 2008
La mujer que aparece en la portada tiene el extraño nombre de Ombia
Yosuna Liana. De cariño y para simplificar, todos la llaman Ombi. Ombi
vive sola y sueña todos los días a la hija con trencitas que
no tiene. Ombi va todos los martes al cine con el señor Conac. Ombi
se da ánimos siempre que lo necesita llamándose “chulada”. Ombi
viaja todos los jueves a un pueblo cercano a su ciudad para visitar a su
hermana. Para terminar su retrato, he de decir que Ombi trabaja respondiendo
las cartas de los lectores de una revista, que le son entregadas puntualmente
por el señor Veedor, el cartero.
La tranquila vida de Ombi da un giro cuando recibe la carta de un niño
llamado Jonás. Jonás le pregunta a Ombi por qué son tan
distintos él y su mamá. En la búsqueda de esa respuesta,
Ombi hará descubrimientos que no solo atañen a Jonás,
sino también a ella misma.
Hay libros que ofrecen espacios a tal grado habitables, cálidos,
que el lector no tiene más remedio que volver una y otra y otra vez
a ellos. La risa de los cocodrilos, de María Baranda, es uno
de esos libros. En este cuento con bellas ilustraciones de Julián Cicero
no existen los villanos. Sus personajes son cómicos, imperfectos y
tiernos. Algunos de ellos viven solos, pero no llevan la soledad como una
pesada carga. Más bien como una oportunidad de sumar una soledad con
otra y obtener de la ecuación la compañía.
Sin duda, el enigma de Jonás es un atractivo gancho para el lector,
que no soltará el libro hasta la resolución del misterio. Pero
el cuento guarda bajo la manga otras trampas para interesar al lector: la
configuración de sus personajes, sobre todo. Es difícil no conmoverse
con el sueño repetido de Ombi de tener una hija. O con el eterno cortejo
de los señores Conac y Veedor dedicado a Ombi. O la inquietud de Jonás
al sentirse diferente.
Es este un libro sutil. No revela su tema principal sino muy avanzado el
relato. Además, apela a la imaginación de sus lectores al poner
en el centro a ese cocodrilo naranja que sonríe en el dibujo de Tomás.
A la vez que este cocodrilo del título es identificable, puede significar
muchas cosas. La grata tarea del lector será descubrirlo. O inventarlo.
La risa de los cocodrilos: un lugar tibio y bien iluminado.
Un refugio para defenderse contra las agresiones de la realidad. Una oportunidad
para descubrir o revisitar la belleza simple del mundo.
Javier Munguía, escritor
mexicano. Licenciado en Literaturas Hispánicas por la Universidad de
Sonora. Ha publicado los libros de cuentos Gentario (2006) y Mascarada
(2007), este último premio Concurso del Libro Sonorense 2006.
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