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La escalera prohibida
Padma Venkatraman
Traducción de Carmen Soler
Barcelona: Viceversa, 2009
Bien conocida es la falta de un concepto de novela universalmente válido,
que englobe todos los exponentes que caben dentro del flexible género.
¿Debería preocuparnos eso? Opino que de ningún modo.
La imposibilidad de definirla habla de la riqueza y complejidad del género.
¿La prosa es característica de las novelas? Las hay en verso.
¿La relación de causa y efecto entre sus episodios? Las hay
episódicas. ¿El protagonista? Las hay que no lo tienen o que
tienen más de uno. ¿La extensión? El límite
entre cuento y novela corta es difuso. ¿Todas tienen un final? Las
hay intencionalmente inacabadas. ¿Cuestionan la realidad? Las hay
complacientes, difusoras de los valores imperantes. ¿El conflicto?
Este quizá sea el rasgo más característico de la ficción.
Las malas novelas suelen serlo por olvidar que la contrariedad es el motor
que mueve las historias. Aun así, existen lectores que disfrutan
mucho más de las digresiones y la retórica en las ficciones
que de un conflicto bien armado. Hay para todos los gustos.
Más importante que embarcarnos en discusiones estériles sobre
lo que es o no es una novela resulta sumergirnos entre las páginas
de sus representantes y, además de disfrutar del influjo avasallador
que las buenas ficciones tienen en nosotros, vivir de forma vicaria experiencias
que nos habrían estado vedadas y aprender a mirar el mundo desde
otros ojos, y descubrir cuánto de los nuestros hay en ellos. Aunque
el efecto que la lectura de novelas tiene en el lector no es del todo predecible,
soy un convencido de que esta actividad puede fomentar la empatía
entre los seres humanos, ya que nos permite vislumbrar cuánto de
común hay entre hombres y mujeres de los más diversos países
y épocas.
He confirmado esta idea leyendo La escalera prohibida, novela de
la narradora india Padma Venkatraman publicada este año por la editorial
española Viceversa. La joven de quince años Vidya es su narradora
y protagonista. El libro arranca en agosto de 1941, en un Bombay ocupado
por los ingleses, en un país convulsionado socialmente por los indios
que quieren recuperar su independencia y por los invasores que no están
dispuestos a dejar de explotar un país ajeno. Vidya sueña
con ir a la universidad en una nación que, bajo el pretexto de sus
tradiciones, no suele dar esa oportunidad a las mujeres. Para fortuna de
Vidya, cuenta con un padre inteligente y sensible que cree en la igualdad
entre los dos sexos y que está dispuesto a apoyar a su hija en su
realización profesional.
El destino de la joven se tuerce cuando, en medio de una manifestación
de indios inconformes, su padre es atacado por los represores ingleses.
El hombre sobrevive al ataque, pero su cerebro resulta muy dañado,
a tal grado que se convierte en un ser sin capacidad de palabra que parece
no entender su entorno. Ante esta desgracia, Vidya y su familia deben trasladarse
a la ciudad de Madrás, donde viven en la casa del abuelo paterno.
Junto al anciano habitan todos los hijos de este con sus respectivas familias.
Vidya deberá enfrentarse a la sevicia y cerrazón de varios
miembros de su nueva casa. ¿Será capaz, aun así, de
alcanzar su más tenaz anhelo?
La escalera prohibida nos permite conocer de forma elocuente,
intensa, emotiva, la India de la Segunda Guerra Mundial, con sus conflictos
internos y externos, todo a través de los ojos de una joven que forma
parte de una nueva generación de indios en pugna tanto con los ocupantes
ilegítimos de su país como con sus propios connacionales de
la vieja guardia que confunden su religión y sus tradiciones con
las injusticias que ellos mismos han puesto en marcha para discriminar a
las mujeres.
Sin caer en el melodrama ni en la autoconmiseración de sus personajes,
la autora nos presenta una protagonista que, aun en condiciones tan adversas,
lucha por su libertad y su independencia, enfrentándose con gran
valor y decisión a quienes pretenden arrebatarle sus derechos más
elementales. Lo que en Historia podría no ser más que datos
fríos y fechas precisas, en esta novela se convierte en una experiencia
que afecta nuestra sensibilidad de forma poderosa, pues páginas tras
página nos vamos involucrando con la protagonista y el resto de los
personajes, a tal grado que llegamos a sentir como nuestras sus batallas.
Las ideas del libro no se presentan en abstracto, sino que se encarnan
en seres y sucesos concretos, aunque imaginarios; de ahí que el lector
pueda alcanzar la empatía con esos seres de tinta y papel que, mientras
dura la lectura, parecen tan reales como los de carne y hueso. Es ese el
gran milagro operado por las buenas ficciones.
La obra da cuenta, además, de las contradicciones de los
países aliados, entre los que estaba Inglaterra, que combatían
al Eje (Alemania, Italia y Japón) bajo el pretexto de que oprimían
a otras naciones, cuando ellos mismos ocupaban países ajenos y pisoteaban
la dignidad de sus ciudadanos.
El ritmo de la novela es bastante efectivo, ya que no tiene puntos muertos:
Vidya siempre tiene una contrariedad a la cual enfrentarse. El estilo directo,
despojado de adornos, y los capítulos cortos contribuyen a que el
libro se lea rápido y sea una buena opción para convencer a
los indecisos del placer que les depara la literatura, además de contribuir
a que su experiencia del mundo sea más rica y compleja.
Javier Munguía, escritor mexicano. Licenciado en Literaturas Hispánicas
por la Universidad de Sonora. Ha publicado los libros de cuentos Gentario
(2006) y Mascarada (2007), este último premio Concurso
del Libro Sonorense 2006.
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