Cuatrogatos libros para niños y jóvenes
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  El libro salvaje
Juan Villoro
Ilustraciones de Gabriel Martínez Meave.
Colección A la orilla del viento
México DF: Fondo de Cultura Económica, 2009
 

Poner en manos de un niño estudios realizados por importantes teóricos sobre la naturaleza de la lectura y sus procesos (Louise Rosenblatt y Frank Smith, entre otros) sería un sinsentido. Sin embargo, esta novela del narrador mexicano Juan Villoro posibilita, a través de los recursos propios de la ficción, que los más jóvenes lectores entren en contacto, por ejemplo, con las premisas de la teoría transaccional de la lectura. Y es que El libro salvaje es, sobre todo, una reflexión sobre la aventura de leer, sobre la complejidad y la riqueza de ese acto creativo por excelencia. Un tratado sobre la relación libro-lector, en el que no hay cabida para las "sesudas" reflexiones a que estamos habituados los consumidores adultos de este tipo de obras teóricas o de investigación, pero sí para reflexiones inquietantes e iluminadoras sobre la condición de coautor inherente a todo buen lector. 

Las vacaciones de verano de Juan, un chico de 13 años,  toman un giro inesperado cuando su madre le anuncia que las pasará en la casa del tío Tito, un fanático de los libros que habita dentro de una especie de gran biblioteca. Las razones de ese cambio apuntan a un grave problema familiar: los padres de Juan y de Carmen –su hermana, de menor edad– atraviesan una crisis matrimonial que parece apuntar hacia el divorcio. La madre necesita tiempo para reflexionar y poner las cosas en perspectiva, y la mejor solución es librarse, por unas semanas, de los hijos. Así que, a regañadientes, Juan llega al hogar de su tío sin sospechar que allí le espera una aventura insospechada: la búsqueda de un elusivo "libro salvaje", difícil de encontrar en las múltiples secciones de su biblioteca personal.

Mientras recorre la laberíntica y en apariencias anárquica colección de libros, Juan va haciendo grandes descubrimientos. Aprende, por ejemplo, que un libro tiene el don de cambiar según quien lo lea: "No es lo mismo que lo lea un héroe a que lo lea un villano", le explica el tío. "Los grandes lectores le agregan algo a los libros, los hacen mejores". También descubre que "que los libros son como espejos: cada quien encuentra ahí lo que tiene en su cabeza". Claro que hay un problema con esto: "solo descubres que tienes eso dentro de ti cuando lees el libro correcto". Y por último entenderá que "los libros son más importantes que los autores. Los mejores parece que se escribieron a sí mismos".

Villoro ha creado una fábula fantástica donde los libros son los verdaderos protagonistas, sin descuidar por ello una trama con personajes de gran encanto, en la que hay cabida para escenas humorísticas y otras que evocan las emociones del primer amor. La obra es también una defensa de la lectura como un derecho de los seres humanos, como un ejercicio creativo en el que la buena literatura no debería ser desplazada por sucedáneos de valor puramente comercial. "Al rato van a inventar un jarabe de libro y van a concentrar todas las historias en una cucharada", exclama el tío Tito.

Emily Dickinson afirmó en uno de sus poemas que "no hay mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras distantes". Villoro suscribe ese principio, y subraya el poder de la palabra escrita para traspasar las fronteras del espacio y del tiempo, cuando escribe: "Un libro es el mejor medio de transporte: te lleva lejos, no contamina, llega puntual, sale barato y nunca marea". Por esas, y otras muchas razones, vale la pena disfrutar de El libro salvaje.

Javier Gómez

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