| Cuatrogat editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez v cuatrogatosrevista@yahoo.com |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Portada de la revista La Edad de Oro (Nueva York, 1889)
|
Estética
de la infancia en José Martí y La Edad de Oro
Ana Garralón Breve apunte biográfico de José Martí En una casa humilde de La Habana, una mujer canaria, Leonor Pérez, da a luz su primer e único hijo varón el 28 de enero de 1853. El padre, un desarraigado emigrante procedente de Valencia acoge la noticia con alegría aunque su situación económica no es nada desahogada. Ambos habían marchado a Cuba en busca de nuevas oportunidades que nunca encontrarían. El carácter tosco y rudo de los padres iría perfilando la personalidad del despierto muchachito que crecerá en un ambiente severo y falto de ternura. Cuando José Martí cumple dos años se trasladan todos a Valencia. Los pocos ahorros conseguidos y la dote de la boda que Mariano Martí todavía conserva les permite albergar alguna confianza en su futuro. Mariano Martí se siente español, trabaja para el ejército español y añora su tierra, pero la estancia en Cuba también les ha marcado y, dos años después, regresan a La Habana. Allí el padre consigue varios trabajos que no alivian la economía familiar y a los cuales irá renunciando uno tras otro por su extrema honestidad y rectitud. Mientras, van naciendo las hermanas de Martí, que llegarán a ser siete y de las cuales sólo sobrevivirán cinco. A pesar de la pobreza en la que viven, Martí destaca por su brillante inteligencia, su temprana vocación poética y su afición a la lectura y es esta aptitud la que hará que finalmente vaya a la escuela, donde ingresa con nueve años, a pesar de la oposición de don Mariano, poco amante de las letras. Más tarde pasará a la Escuela de Instrucción Primaria Superior Municipal de Varones, donde simultaneará la enseñanza con un trabajo de administrativo y dependiente en una bodega.
La escuela, fundada y dirigida por Rafael María de Mendive, hombre liberal y generoso partidario de la independencia de Cuba, deja en Martí una huella profunda. Mendive y la escuela significaron un espacio de libertad, de intelectualidad, de tolerancia desconocido hasta entonces por la falta de ideas políticas que caracterizaron a su familia. Mendive, no sólo le ayudará en la financiación de sus estudios sino que le dará la conciencia de cubanidad que marcará todo su trabajo y vida posteriores. Esta evolución en sus ideas políticas no le agrada mucho a don Mariano, español convencido, para el que Cuba era una parte más de España. Con quince años publica sus primeros escritos políticos. La ciudad vive por entonces días de represión por la guerra iniciada a finales de 1868 contra el poder colonial y el gobierno se ocupa de buscar colaboradores y alentadores de la independencia. Martí es detenido finalmente por la policía y condenado a seis años de cárcel. Seis años que el jovencito encara con alegría sin saber realmente lo que le espera. Desde el presidio escribe a su madre, a su cómplice, para decirle: "Mándeme libros de versos y uno grande que se llama El Museo Universal" (1). Pero en la cárcel lo primero que recibe es una cadena a la cintura unida a otra en el tobillo que no se quitará ni de día ni de noche y doce horas de trabajos en las canteras. Cuatro meses más tarde es trasladado por enfermedad: la cal le ha dañado los ojos y tiene ulcerado el tobillo por el grillete. Los padres, que le visitan con regularidad y contemplan el deterioro de su hijo, buscan sacarle de allí como sea. Finalmente la pena es conmutada por el destierro a España. Martí tenía entonces 16 años y sale de su isla querida por primera vez para no volver en muchos años. Lleva una lección aprendida: la del extremo esfuerzo, la de la fatiga, el cansancio y la enfermedad de un hombre que sólo quiere libertad de expresión. El gobierno español, con los destierros, pretendía aislar a los revolucionarios, cortar sus conexiones y sacar de la isla a todos los rebeldes, pero la realidad era distinta pues el colecctico cubano en Madrid era muy activo y trabajaba incansablemente por la causa, aliándose incluso con los republicanos y otros grupos de la oposición. Martí, enfermo, triste por la noticia de la muerte de una de sus hermanas y cansado, encuentra, a su llegada a Madrid, el calor y la ayuda económica que necesita para costearse un par de operaciones para costearse las lesiones de la cárcel. Su inquieto espíritu se llena de energía y colabora en distintos periódicos mientras prepara sus asignaturas para las carreras de Derecho Civil y Canónico y Filosofía y Letras. Su correspondencia con sus padres, sobre todo con su madre, no ha cesado y cuando éstos le comunican que se trasladan a México en busca de mejores oportunidades de trabajo, no lo piensa dos veces y viaja allá. Cuando llega le comunican la muerte de otra de las hermanas. En México vive un período de relativa tranquilidad: trabaja como periodista y traductor hasta que su nombre es conocido en los círculos políticos e intelectuales y por su posición política deberá abandonar el país. Se iba, eso si, con un compromiso matrimonial con Carmen de Zayas Bazán, cubana procedente de una familia acaudalada. Viaja a Guatemala donde imparte clases en la Academia de Niñas de Centroamérica. En este país tendrá un incidente, resaltado por todos sus biógrafos, al enamorarse de María García Granados y finalmente dejarla por atender su compromiso de boda con Carmen de Zayas Bazán. A su vuelta de México, recién casado, descubre que la ciudad le da como bienvenida el ataúd donde está el cuerpo de la joven a la que Martí inmortalizó en el poema "La niña de Guatemala":
salió a verlo al mirador: él volvió con su mujer: ella se murió de amor... ...Se entró
de tarde en el río,
Pero ya no tiene nada que hacer en España. Tres meses después de llegar toma un barco y regresa al continente donde se instala en Venezuela con la esperanza de reunir allí a su familia. Poco dura esta esperanza pues su labor política enfurecerá al dictador de turno que le expulsará. Y ya pocos destinos más le quedan para elegir. Uno de ellos era Nueva York donde se reune con su esposa e hijo cinco meses más tarde. Pero el futuro del reciente matrimonio estaba ya marcado. Martí, que contaba con veintiocho años tenía tras de si una trayectoria imparable y en los Estados Unidos enontraría al colectivo de cubanos más comprometido por la lucha contra el colonialismo español. No es difícil imaginar la decepción de su esposa cuando al llegar descubre que, nuevamente, Martí se dedica a la conspiración y está entregado a la causa cubana. Vivía de sus colaboraciones en periódicos y sus traducciones, así que la vida era sencilla, aunque lo que Carmen de Zayas no podía aceptar era la total dedicación a las actividades políticas. Siete meses más tarde ella regresa a Cuba con el hijo y las cartas que entonces se escriben están llenas de amargura. "Sacrificar a todos y cantar las purezas lejos del contagio, olvidando cuanto hay de sagrado en la tierra y más serio en la vida, ni es valor ni así se cumple con el deber", le reprocha ella, mientras él se justifica: "cree que obro impulsado por ciegos entusiasmos o por novelescos apetitos; se me reprocha que haga en prosa lo que se me tenía por bello cuando lo decía en verso". Es en esa época
cuando comienza a escribir los poemas dedicados al hijo que, dos años
más tarde, se editarían bajo el título de Ismaelillo
y con los que Martí trataba de explicarle a su hijo –y tal vez a
él mismo– las grandes diferencias que hay entre los ideales y la
realidad. Dice en la dedicatoria:
Este es, sin embargo, un período de relativa cierta tranquilidad. Martí vive en una especie de pensión, y decimos pensión porque sólo la gente conocida podía alquilar alguna pieza para vivir, perteneciente a la familia Mantilla en donde la venezolana Carmita Mantilla se ocupaba con diligencia y buen humor de todo. Nuestro protagonista disfruta, como hacía tiempo que no lo podía hacer, de una verdadera familia donde encuentra el calor y el apoyo que durante tanto tiempo le han faltado. Incluso se ocupa con entusiasmo de los hijos de Carmita, en especial de la más pequeña: María, pues el marido aquejado de una larga enfermedad morirá en 1884. Tema conflictivo el de María, y en ocasiones confuso, del que nos ocuparemos más adelante. Se afana en sus trabajos periodísticos con los que obtiene ingresos fijos y representa consularmente a Uruguay, Argentina y Paraguay. Tal vez esa estabilidad le permite aceptar la proposición de editar, en 1889, un periódico para niños de habla hispana. La Edad de Oro se llamaría el mismo que sólo tuvo cuatro números. En 1890, después de varios intentos de reconciliación, se separa definitivamente de Carmen de Zayas, que viaja a Cuba con el hijo que entonces tiene doce años y una cuidada educación burguesa. Pero la vida de Martí está bien asentada en la familia Mantilla. El aliento que recibe en esa entrañable casa le resguarda ya de toda desavenencia y le da, incluso, la fortaleza de la que él tan bien hace gala. Un año más tarde, España reprocha a los tres países a los que Martí representa en Nueva York que tengan como cónsul a un contrario a España, a lo que Martí responde renunciando a los tres consulados y volviendo a vivir de sus colaboraciones periodísticas. Pero eso ya no le importa porque está totalmente entregado al plan de la liberación de Cuba y en 1895, después de tres desenfrenados años de trabajo, intrigas, planes, viajes por Estados Unidos y cientos de artículos, encontrará la muerte en una pequeña emboscada en su Cuba querida. Así pasará a la historia este hombre enjuto, de tez serena y serio porte, amante del chocolate con poco azúcar y vestido siempre con su bien cepillado traje negro. Algún tiempo más tarde comenzará la riada de estudios sobre su vida y pensamiento, las ediciones de sus escritos y la devoción que, todavía hoy, suscita. Notas:
2. Martí, José: Poesía completa. Tomo I. Edición crítica a cargo del Centro de Estudios Martianos. La Habana: Letras Cubanas, 1985. pág. 17.
|
||
|
|
|
|
|
|
|