| Cuatrogat editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez v cuatrogatosrevista@yahoo.com |
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Ilustración de Ciça Fittipaldi (Brasil) Bichos de Africa 4 Rogerio Andrade Barbosa Buenos Aires: Libros del Quirquincho, 1992
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Hogueras
contemporáneas
Irene Vasco Sin embargo, producir listados de libros recomendados, con criterio y responsabilidad, es otra historia, más arriesgada y peligrosa, si no se realiza con el suficiente cuidado. La clasificación de los libros en buenos, malos, regulares, recomendables, no recomendables, puede convertirse en un ejercicio manipulado por intereses particulares y no de acuerdo con la ética que el trabajo requiere. Diferentes autores y creadores califican esta taxonomía como irresponsable. Es claro que la crítica debe existir. Quienes han leído y estudiado, deben contribuir a la formación de criterios de selección que sirvan de apoyo al trabajo de aquellos que, por limitaciones económicas, culturales, geográficas, etc., no tienen acceso a las mejores ediciones ni a la mejor literatura. Una buena reseña, firmada con nombre y apellido, contribuye a la creación de opinión. Este proceso de selección debe ser realizado por personas con suficiente respaldo cultural. Un crítico literario tiene que estar documentado, haber leído, defender sus opiniones de manera profesional y verdaderamente orientadora. La reunión indiscriminada de un grupo de personas bajo el nombre de “comité de selección”, comité anónimo, no da derecho a descalificar a autores, ilustradores y editores, sin sustentar responsablemente los argumentos en pro y en contra de cada libro. El incumplimiento de estas reglas, causa efectos inmediatos en la sociedad. No se trata solamente de un problema económico. Editores y autores se ven afectados económicamente cuando alguno de sus títulos es descalificado públicamente, sobre todo si es descalificado por instituciones autodenominadas “especializadas”. El asunto va más allá: se trata de un problema de educación de masas. Cuando un maestro, un bibliotecario o un padre de familia tienen como única información un listado institucional, sienten que este listado es su apoyo para la selección de sus bibliotecas. Y si este listado es subjetivo, no sustentado, poco profesional, con criterios muy discutibles, las bibliotecas se verán empobrecidas y los usuarios tendrán reducidas posibilidades de avanzar como lectores. Abrir posibilidades, en lugar de cerrar puertas, debe ser el oficio de una institución encargada de promover la lectura. Con creciente preocupación veo que este trabajo, en principio necesario, sigue un cauce distorsionado y desinformativo. ¿Quiénes conforman los comités de selección? ¿Cuáles son sus criterios? ¿Quiénes, como personas naturales, firman y se responsabilizan por las calificaciones de los libros? Como miembro de una sociedad que busca desesperadamente caminos hacia la educación, encuentro que en lugar de educar, quienes tienen las posibilidades a su alcance, se encargan de propalar su propia ignorancia. Es indispensable, y lo antes posible, que aquellos quienes consideran que tienen la verdad en sus manos expliquen los mecanismos utilizados en este proceso de quemar libros, sin fórmula aparente de juicio. La discusión
debe ser abierta y los términos tienen que estar definidos. Este
no es un juego de niños. Es una cuestión de responsabilidad
social.
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