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El Robinson de Ajubel Con su Robinson Crusoe, una "novela en imágenes inspirada en la obra de Daniel Defoe", la editorial valenciana Media Vaca y el ilustrador cubano Ajubel ganaron el premio Bologni Ragazzi 2009 en la categoría de Ficción. En su acta, el jurado expresó: “Ajubel ha puesto en entredicho, de una manera valiente, el tradicional vínculo entre texto e imagen, elevándolo a un nuevo y superior nivel. Lo que en un primer momento parece una desviación de la tradición resulta ser, tras una observación más detenida, justo lo contrario. Mediante la fuerza cautivadora de signos y colores, Ajubel ha creado imágenes icónicas que son algo más que ilustraciones. La secuencia de escenas es un concentrado de emoción, una fantasmagoría de temores, miedos y esperanzas. La narración clásica se nos ofrece en este libro viva y vibrante, con toda la ensoñadora intensidad del texto original de Defoe. El trabajo de Ajubel es también una admirable herramienta docente por cuanto nos obliga a mirar de forma más selectiva nuestro mundo saturado de imágenes. Se trata pues de un libro extraordinario que abre nuevas vías a nuestro entendimiento”. En su comentario incluido en el libro, el novelista y periodista cubano Leonardo Padura expresa: Trasmutar en imágenes un texto narrativo siempre resulta un reto. Y más si el texto previo cuenta una de las historias más conocidas de la literatura universal. Los únicos procesos válidos para conseguir un tránsito afortunado de lenguajes son la síntesis, la sugerencia y la connotación: y Ajubel se afinca en ellas para entregarnos su delicada versión de Robinson Crusoe y, belleza gráfica aparte, ofrecernos la posibilidad de hacer una lectura de las esencias del texto: el precio de los sueños, el desamparo de la soledad, el ansia del regreso, temas tan antiguos como la misma literatura.Y agrega: Así, la soledad de Robinson Crusoe y las adversidades de su destino se estilizan en manos del dibujante que puede prescindir de la alharaca moralista y religiosa del original. El mensaje con que juega Ajubel resulta entonces mucho más digerible y permanente, pues atañe a la misma condición humana: todo se reduce a un sueño, a un hombre y una isla, y a las ansias de encontrar otra orilla. Su propia experiencia personal de isleño en otras latitudes, arde debajo de esa propuesta, tal vez sin él proponérselo o siquiera pensarlo. Pero Ajubel sabe que nadie es una isla: su Robinson Crusoe también lo sabe, y recupera su vida por el mismo camino por el que la extravió durante veintiocho años de soledad.He aquí algunas de las imágenes creadas por Ajubel:
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