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Nosotros |
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Disparates en todas partes Irene Vasco Cuando Edward Lear, el poeta inglés, murió en 1888, muy posiblemente no imaginaba que sus divertidos y disparatados juegos de palabras resonaran años después en la voz de una poeta latinoamericana. Sus cortas composiciones de cinco versos, rítmicas y carentes de sentido, acompañadas de caricaturas nacidas de sus propias manos, habían dado una vuelta de tuerca a la poesía de la segunda mitad del siglo XIX en su país. Los niños se apropiaron de los versos, pero los mayores disfrutaron con la gracia y elegancia de las palabras. Aún hoy se oyen con frecuencia los limericks, tal y como Lear llamaba a sus versos sin sentido: There was an Old Man of Bohemia,La estructura de cinco versos, con rima consonante en el primero, segundo y quinto, fue acogida por María Elena Walsh, combinando el disparate anglosajón con el encanto de la lengua española. Los finales inesperados de sus versos, que hacen parte de la memoria colectiva de quienes fuimos niños a mediados del siglo XX y que hoy somos abuelos, se siguen disfrutando, cantando y transmitiendo.
Sus cortos poemas de animales, aunque atados a una perfecta estructura, circulan libres, irreverentes, con un sabor tan propio, que siempre arrancan una sonrisa así se hayan leído o escuchado una y mil veces. ¿Saben qué le sucede a esa Lombriz
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