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Nosotros |
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Ilustración de Ana María Londoño
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Unas palabras sobre Libro secreto de los duendes Carlos Pintado
¿Hasta dónde puede llegar un poeta como Andricaín
en su deseo de mezclar leyendas y personajes de la literatura universal
con sus propios personajes? ¿En qué retablo mágico
se oculta este escritor que arma, con precisión de demiurgo moderno,
uno de los libros más bellos que se han escrito para niños
en los últimos tiempos?; pero, ¿para niños solamente?
me pregunto comprendiendo que yo mismo he caído en la trampa. Libro
secreto de los duendes rehúye toda clasificación facilista:
que nos muestre todo un mundo de duendes, magos, unicornios y demás
criaturas fabulosas, aderezados con ingeniosas adivinanzas, anuncios clasificados
dictados por gnomos y hadas, baladas cantadas por dragones viajeros o romances
entre duendes y sirenas dará que pensar, erróneamente, que
es un libro escrito solo para niños; que se proponga
el autor enseñarnos esta su revisitación de los mitos (en sus
páginas coinciden el rey Arturo, Lancelot, Percival y Galahad con
chichiricúes y alguna que otra "delicia culinaria") por medio de un
lenguaje originalísimo y luminoso en el que no falta ni sobra siquiera
una coma, hará que más de un adulto revalore ese viejo prejuicio
que impide a veces a los hoy lectores de Ulysses o Crónica
del pájaro que le da cuerda al mundo atreverse a dar el viaje
"a través del espejo".
Citar piezas ya antológicas de este libro es correr el peligro
de no mencionar otras que lo son por igual o que después de hacerlo,
algún emocionado lector me increpe con su lista personal pero, aun
así, corro el riesgo: ¿Cómo no mencionar el humor desbordante
de "Los duendes mentirosos" o de "De cuando una familia de duendes nipones
salió de viaje" (ya solo el nombre de los duendes promete una fiesta
de humor e imaginación) o esa adivinanza con que comienza: "Tomé
té de trebol y me entrebolé. / ¿Quién será
el desentrebolador de duendes que me desentrebolará? / Quién
me desentrebole, / buen desentrebolador de duendes será". Pero el
autor no deja que nos regocijemos en la sorpresa y nos lanza "Palabras mágicas"
que nos permitirán aparecer y desaparecer en cualquier momento como
por acto de magia (no voy a revelarlas aquí, ni a ellas ni a las
situaciones tan específicas en las que deberán ser pronunciadas
para que el conjuro funcione). "El pájaro lira" es, a no dudarlo,
una de las más bellas piezas poéticas de este cuaderno, que
todavía en este punto no sé si clasificarlo de prosa, poesía
o acertijos o canciones. Un híbrido de todo esto, termino por decirme
temiendo que el autor se me aparezca con su corte de traviesos duendes para
halarme las orejas. Evito, por consiguiente, la clasificación y me quedo en que
es un libro bello, novedoso y, sobretodo, entretenido (que acaso sea la
mejor virtud que pueda tener un libro) elaborado con la voluntad de contar
y entretener a la manera de las mil y una noche. No me extrañará
que el libro se desaparezca de los estantes para luego aparecer en otros
sitios; no me extrañará encontrarme con algún chico
repitiendo alguna de sus cancioncillas y poemas en la oscuridad de un ropero,
como tampoco me extrañará la noticia que en algún lugar
del mundo han llevado a la escena "De cuando el duende Qu ayudó a
su ahijado Sálim a casarse con la hija de un califa" uno de los últimos
cuentos que cierra magistralmente este libro y que tan sólo con él
bastaría para que Andricaín tenga un lugar en el pabellón
de los buenos escritores para niños. En este año se me ha pedido que nombre los mejores títulos de libros que he leído. Como un fogonazo de luz han pasado por mi memoria novelas, libros de cuentos, algún que otro poemario náufrago y libros de ensayos, pero es, sin embargo, Libro secreto de los duendes el que persiste en mi memoria, el que parece lanzarme un guiño cuando lo miro confundido entre otros títulos de vestiduras "más adultas" seguro del tesoro que guardan sus páginas. Y last but not least, habrá que mencionar el trabajo de la ilustradora Ana María Londoño, que ha sabido llevar la música y el encanto de las palabras a ese reino de la imagen que el libro merece. Libro de secretos, es cierto, pero de secretos a voces.
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