Cuatrogatos libros para niños y jóvenes
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  Pies para la princesa  
Ivar Da Coll  
Colección Sopa de libros  
Madrid: Anaya, 2002

¡Albricias! Ya era hora de que una editorial española "descubriera" a uno de los grandes del libro ilustrado latinoamericano: el colombiano Ivar Da Coll, y permitiera a los niños y adultos de la península disfrutar de sus creaciones. Con una larga carrera a sus espaldas, un puñado de títulos antológicos y una candidatura al premio Andersen, Da Coll se ha ganado el respeto de los lectores y de la crítica especializada de distintos países, que lo reconocen no sólo como un auténtico creador de historias para niños en las que texto y gráfica se conjugan armoniosamente, sino también como uno de los mejores conocedores del alma y de los secretos de la infancia. Y si a alguien le parecen desmedidos estos elogios, lo remito a la serie Chigüiro (de la editorial Norma), a la trilogía dedicada a Eusebio (Tengo miedo, Garabato y Torta de cumpleaños, publicados originalmente por Carlos Valencia Editores y actualmente en el catálogo de Panamericana Editorial), a los no menos encantadores Hamamelis y el secreto y Hamamelis y Miosotis y el señor Sorpresa (difundidos por el sello venezolano Ekaré) y al atrevido No, no fui yo (también de Panamericana Editorial).  

Pero, a lo que íbamos: que hay que celebrar que la colección Sopa de letras, de Anaya, haya incluido Pies para la princesa, de Ivar Da Coll, entre sus títulos. En esta oportunidad, Ivar apela no a la ternura ni a los pequeños conflictos de la infancia, sino a su veta humorística, con raíces en el grotesco, lo esperpéntico y el sin sentido. Una princesa que se desarma en su habitación y, ¡oh, calamidad!, cuando el rey y la reina acuden con aguja e hilo para componerla, no encuentran sus piernas por ninguna parte. Un desfile de piernas candidatas a ser usadas por la princesa desfilan por el castillo, hasta que ella encuentra unas a su gusto. Y toda esta farsa se cuenta con versos de rima consonante, tan frescos y simpáticos como la situación que narran. No falta un gato que comenta silenciosamente los sucesos con cada una de sus expresiones.  


Ilustración de Ivar Da Coll

En un artículo dedicado a desentrañar las claves del universo narrativo de Da Coll, la crítica colombiana Beatriz Helena Robledo hablaba hace unos años de la influencia que han tenido en la producción de este autor sus orígenes como diseñador y manipulador de títeres. Quizás como en ninguna de sus obras anteriores, en Pies para la princesa ese gusto por los retablos y los muñecos resulte tan evidente. Los personajes de este álbum son títeres y el castillo que los acoge, la escenografía del retablo donde se mueven. Se trata de un cuento para leer, pero mientras uno pasa las páginas tiene la impresión de que está asistiendo a una singular función titiritesca. 

A.O.R.

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