Cuatrogatos revista de literatura infantil   n° 8, octubre-diciembre 2001
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  Aleluya. Abecedario para los niños. Núm. 9. España. Original adquirido en el barrio Gótico de Barcelona.   Un oso diferente  
Daniel Nesquens  
 

Tengo un primo que es un oso. No es que sea fuerte como un oso. O que sea muy feo y le digan que cuanto más feo más hermoso, como el oso. Es que mi primo Javier es un oso. 

El día que mi tía Angelines acudió al médico y este le dijo que estaba embarazada se alegró tanto que nos dio una fiesta en su casa de campo. Todos estábamos muy contentos, los que más: mi tía Angelines y mi tío 
Gonzalo. Nos lo pasamos de miedo. Había de todo: pepinillos en vinagre, bocadillos de queso, de jamón, tarta, helado de limón, refrescos, avellanas… 

Cuando, semanas después, volvieron a ir al médico y este les dijo que había algo que no alcanzaba a comprender, mi tía Angelines se puso triste y mi tío 
Gonzalo serio, como si le hubieran dicho que tenía que irse a vivir a Bruselas. 

Fue en el cuarto mes del embarazo cuando el médico les confirmó que aunque mi tía estaba embarazada, lo que llevaba dentro no era un niño o una niña, era un osezno. 

El médico les tranquilizó diciéndoles que, si bien, era la primera vez en el mundo que una mujer iba a dar a luz un oso, se conocía casos en que mujeres embarazadas habían dado a luz otras cosas. En Estados Unidos, una mujer que vivía en el estado de Nebraska, había dado a luz un televisor. Y que todo había ido perfectamente. Y que la televisión hacía las delicias de la familia americana. 

Cuando nació mi primo Javier nadie decía que había sacado la nariz de su padre, los ojos de su madre o las orejas de su abuelo, no. 

Mi primo Javier era un auténtico osito de peluche. Era una gozada pasarle la mano por su pelo suave y delicado. 

Al principio mis tíos no terminaban de acostumbrase a tener un hijo oso, pero cuando lo acariciaban y notaban lo suave de su pelaje se les olvidaban todas las penas. Cada día que pasaba queríamos más a mi primo Javier, 
era tan tierno. 

Poco a poco mi primo Javier fue creciendo y haciéndose mayor. En la escuela le enseñaron a leer y a escribir. Mi primo era muy bromista. La profesora le decía que no hiciera el oso. Él se miraba su pelaje largo y 
espeso y se echaba a reír. 

Pero un día, comenzadas las fiestas de nuestro barrio, un circo se estableció cerca de su casa. Y mi primo Javier se enamoró perdidamente de una joven osa nacida en las montañas de Ucrania. La osa era la principal atracción del circo. Montaba en bicicleta y en moto. Cuando se subía en la moto se ponía un casco con pegatinas de escudos de equipos de la NBA. 

No sé qué vería mi primo en aquella osa que no tuviesen las otras chicas del barrio. 

Cuando acabaron las fiestas, y con lágrimas en los ojos, mi primo Javier anunció a mi tía Angelines y a mi tío Gonzalo que se iba a enrolar en el circo para, así, estar cerca de su amor. Mis tíos se disgustaron mucho, pero comprendieron que no podían hacer nada por aplacar los sentimientos de su hijo. La vida es así. 

Mis tíos dieron una fiesta de despedida. Mi primo Javier nos presentó a su novia. Nunca había visto a dos osos tan contentos, parecían dos tortolitos 
arrullándose. 

En la fiesta de despedida había de todo: pepinillos en vinagre, bocadillos de queso, de jamón, tarta, helado de limón, refrescos, avellanas… Y lágrimas. 

Ayer recibí su primera carta, desde Buenos Aires. Está muy contento, pero nos echa de menos. Y que el otro día un niño le regaló una bolsa de avellanas. Que aquel niño tenía mi misma mirada, mi misma sonrisa. Y que 
casualmente se llamaba igual que yo: Oscar. 
 
Daniel Nesquens , escritor español, ha publicado Diecisiete cuentos y dos pingüinos. 
 

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