|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Fondo de Cultura Económica Carr. Picacho-Ajusco 227 Col. Bosques del Pedregal 14200 México D.F. |
Yolanda
Reyes, desde Bogotá:
Anthony Horowitz Traducción de Laura Sosa Colección A la orilla del viento México D.F.: Fondo de Cultura Económica En primer lugar, hay una sorprendente similitud entre la saga de Rowling y el libro de Horowitz, publicado diez años antes. No sólo se trata de dos colegios de magia que recrean la atmósfera de los tradicionales internados ingleses, sino que hay rasgos de un humor irreverente y caústico –más caústico aún en La granja Groosham– , unos personajes muy parecidos y el mismo manejo de esa incierta frontera entre realidad y fantasía. Cabe preguntarse si la Rowling conoció ese libro antecesor; si su lectura la marcó en el subconsciente, o si sólo se trata de otra de esas casualidades literarias que llevan a los seres humanos a recrear, en circunstancias distintas, los mismos paisajes interiores. Desde la zapatilla de cristal, hallada en antiguos cuentos chinos o en versiones occidentales de La Cenicienta, las casualidades tampoco son un asunto original en literatura. Sea como sea, el libro de Horowitz tiene los ingredientes que luego consagraron a la Rowling. David, el protagonista, está a punto de cumplir trece años y vive con sus padres, unos seres tan caricaturescos y despreciables como los tíos muggle de Harry Potter, a los que sólo les interesan el dinero y las apariencias. El día en que David es expulsado del elegante colegio Beton “por su socialismo constante y voluntario”, aparece misteriosamente el prospecto de un internado extraño, con un solo día de vacaciones al año, que encaja a la perfección con las expectativas de sus padres. Ese mismo día, David conoce en el tren hacia el colegio, a sus dos compañeros de aventura: Julia, otra niña problema de la misma edad, con un padre diplomático y una madre actriz que mantienen una relación telefónica con su hija, pues nunca están en casa. (De hecho, un día Julia se topó con su madre en la calle y no la reconoció.) El otro niño es Jeffrey, tartamudo, gordo y de anteojos, que ha sido expulsado del internado “Héroes de la Inmisericordia” porque un compañero le prendió fuego –no al internado, sino al pobre Jeffrey. Después del larguísimo trayecto en tren, una lancha manejada por el capitán Malasangre los lleva a la isla Cadavera, que no sale en ningún mapa. Ahí funciona el siniestro internado con niños que parecen muertos y con profesores de apariencias y nombres extraños como los señores Leloup, Tragacrudo, Oxisso, la Señorita Pedicure y dos directores, que según el juego de palabras en inglés, son las “dos cabezas” del colegio y literalmente comparten un mismo cuerpo. Con un lenguaje transgresor y sin concesiones moralistas, la aventura
toma un giro inusitado hacia un desenlace que deja varios cabos sueltos
y que plantea una crítica descarnada a la sociedad adulta. En ese
sentido, La granja Groosham es mucho más polémica
que Harry Potter y podría ser censurada, con mayor razón,
por sus vínculos con las “artes tenebrosas”. Pero, hablando
en estricta literatura, se trata de una novela de obligatoria lectura,
no sólo por su delicioso manejo del suspenso y por su impecable
construcción, sino también por las preguntas que suscita.
Una de ellas, la inevitable, es la razón por la cual algunas obras
alcanzan la fama desmesurada, en tanto que otras, de la misma calidad,
quedan reducidas a los ámbitos de los especialistas. El lector inteligente
podrá encontrar algunas respuestas, mientras devora este libro,
imposible de soltar.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|