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Jean de Brunhoff Alfaguara |
Personaje
educativo antropomórfico:
El caso del elefante Babar Marie-Ange Garcia El personaje y su autor Babar, nuestro personaje, nació en Francia en el año 1931. Es el resultado de una historia familiar: Jean de Brunhoff, su creador, pasa largos años de su vida en un sanatorio suizo donde intenta reponerse de una afección pulmonar. Laurent de Brunhoff, su hijo, cuenta que mientras su padre se encontraba en suiza, su madre les contaba a él y a su hermano historias que se inventaba. Creó así el personaje del elefantito Babar que huye hacia la ciudad para escapar de los cazadores. Jean de Brunhoff pintor de profesión, decide ilustrar la historia, y más tarde, su hermano, redactor-jefe de la revista Le Jardin des Modes le anima a publicar un primer libro. En 1931, el primer volumen Historia de Babar aparece en esta revista. Es el primero de una larga lista que editará más tarde la editorial francesa Hachette. Después de la muerte de su padre en 1937, Laurent de Brunhoff, habiendo estudiado como su padre, pintura, seguirá su obra como autor e ilustrador de Babar. Al comienzo Babar es sólo un elefantito pobre y desnudo, pero pronto se convierte en un burgués muy bien vestido, que camina como un hombre, duerme en una cama como un hombre, puede viajar en barco o en automóvil, e incluso tiene principios y valores como un hombre. Babar se enfrenta a nuestra civilización con la inocencia propia de los animales y de los niños, estos niños que participan, leyendo las historias de Babar, en la creación de un mundo ideal. La historia empieza así: Babar, un joven elefante que acaba de perder a su madre asesinada por despiadados cazadores, decide ir a conocer el mundo. Llega a una ciudad habitada por hombres en la cual se mueve sin miedo. Encuentra a una señora mayor con una nariz puntiaguda que lo toma bajo su protección. Tras haber hecho de él un digno y educado personaje, bien vestido y que anda recto, futuro rey, lo deja volver a la selva. En el segundo libro, El viaje de Babar, el elefante se va de viaje de novios en globo con Celeste. Les esperan un sin fin de aventuras, entre otras un naufragio, el encuentro con una ballena, con un circo, y una guerra contra los rinocerontes. Al final del libro, son elegidos Rey y Reina.
Babar vivirá en cada uno de los libros, una aventura diferente, regido por valores humanos buenos y dignos. Esta historia, aunque surgió en gran parte en las montañas
suizas y suceda entre elefantes en África, tiene la particularidad
de ser el libro de una familia francesa, o más bien el libro de
unos padres preocupados por infundir a sus hijos unos valores y una educación
adecuados. Al fin y al cabo, Babar esconde también un tema serio
y conmovedor, el de “un père écrivant à ses fils et
exprimant son souci naturel de leur bien-être, de leur vie” (Maurice
Sendak, 23). La atmosfera familiar de los Brunhoff, es la esencia de Babar.
Babar, ¿elefante educador? Situemos primero la figura del elefante entre los niños. En la realidad, el elefante no es un animal ni tierno ni acogedor ni simpático pero sugiere al pequeño lector una serie de sentimientos y sensaciones que los adultos desconocemos... Es físicamente fuerte y potente pero a la vez tranquilo y sereno. Eso le proporciona el privilegio de desconocer la enemistad o los graves problemas. Sus grandes orejas, su tamaño desproporcionado, las suaves curvas de su cuerpo sugieren al niño ternura, simpatía y confianza. Hablando de los elefantes de este libro, Annie Pissard (Pissard, 26) comenta: “l’innocence de leur regard, qui les protège de toute vulgarité, la souplesse ronde de leurs formes, les situent avec certitude du côté de l’enfance”. Y es verdad. El elefante forma parte de la infancia, como el oso, el perro o la jirafa: divierten, conmueven, atraen y fascinan. Este animal representa un medio idóneo para fomentar conductas positivas en el niño. La forma que ha elegido Jean de Brunhoff para seducir al público infantil es entre otros elementos, la letra redonda y tranquilizadora de la niñez: una letra a la vez formal y atrevida. No hay letra impresa, no hay máquina entre la historia y la lectura, sino una cercanía, una familiaridad que puede ser la que existe entre un padre y sus hijos… Por otra parte, el pequeño lector puede ir del texto a la ilustración a su antojo: En las historias de Babar, la paginación no sólo es la visualización de una historia, sino también la que le da todo su sentido porque es imposible leer una historia de Babar sin mirar las ilustraciones y viceversa. En efecto, el autor ha dado el mismo espacio al texto y a la ilustración. El primer personaje que observaremos es obviamente el elefante Babar, quien, a pesar de ser gordo y torpe, no deja de ser para el pequeño lector, el héroe. Babar es un pobre huérfano que intenta encontrar la felicidad
lejos de la infancia y del recuerdo de su madre muerta, es decir con los
humanos. Encontramos aquí una clara simbolización del paso
de la infancia a la edad adulta ilustrado por el paso del elefante salvaje
al elefante humanizado.
Este aprendizaje o proceso de socialización lo conduce de un mundo salvaje a un mundo civilizado, de una posición a cuatro patas a una posición erguida, de la desnudez a la vestimenta, y por fin de la ignorancia y de la inocencia, al saber y a las responsabilidades: Babar se viste, se pone de pie, aprende a leer y a escribir, come en una mesa, hace deporte, se lava en una bañera, y cuando vuelve a la jungla es para ser elegido rey. Para el niño, el aprendizaje del crecimiento le supondrá también sacrificios: se le exigirá entre otras cosas un comportamiento de adulto donde la libertad estará “vigilada”. En otras palabras, “el animal funciona como soporte para la situación del niño” (Fernández, 37) Elegir un animal para ilustrar una situación delicada para los niños supone una desdramatización de esta situación. No olvidemos que el animal tiene un papel importante en la niñez: “A los niños les resulta más fácil manejar las relaciones emocionales con animales (…) representan importantes figuras de identificación (…) aparecen como amigos de los niños” (Zegers, Latuf, Slimming, Almonte, 110). Esta muerte de la madre elefante cruelmente asesinada por un cazador delante de los ojos de Babar puede parecer una insensatez para un libro infantil. La nueva edición francesa ha incluso elegido omitir la ilustración de esta muerte… Sin embargo, esta muerte debe de ser vista cómo un episodio más de la historia del elefantito. ¿Quién ha dicho que un niño no era capaz de asumir, en un libro, la muerte de una madre que no es la suya? ¿No son acaso los mismos niños a veces crueles? Esta muerte es el motor de todo el libro. Sin esta separación,
el elefantito no se va a la ciudad, no descubre el mundo, no crece, y el
libro no existe.
Esta figura puede parecer insólita en un cuento infantil. ¿Por
qué Brunhoff eligió la figura de una anciana, y sobre todo
porqué eligió para ella este físico? Puede que sea
únicamente el humor lo que ha motivado a Brunhoff en la elección
de esta anciana cómo personaje. La imagen de sabios y razonables
que suelen tener las personas mayores resultaba también perfecta
para el papel de guía y protectora de la Vieja Señora.
El concepto de la familia tiene también su importancia en los libros de Babar. Al fin y al cabo, este elefantito que tanto éxito tiene desde hace más de medio siglo, ha nacido en el seno de una familia francesa. Es muy lógico entonces que el autor o los autores hayan plasmado una imagen de la familia en las historias. La familia de Babar se rompe al principio con la muerte de la madre
y tarda en reestructurarse. Hay que esperar la completa maduración
del elefante para volver a encontrar el nudo familiar. Babar se casa con
Celeste y pareja feliz se van de viaje de novios en el segundo libro. Sabemos
también que, a lo largo de las historias, será padre de turbulentos
y simpáticos trillizos. A través de la familia como de otros
conceptos, Brunhoff padre e hijo han trasmitido una serenidad, una sinceridad
emocional que tranquilizará al pequeño lector.
Zéphyr no evoluciona, no madura. Su comportamiento es siempre él de un niño feliz que juega sin cesar y no diferencia lo bueno de lo malo. Su libertad es completa, como la de los niños, que se pueden sentir identificados con él, a la vez que atraídos por la seguridad y el buen ejemplo de Babar. Cualesquiera que sean las opiniones sobre Babar, sus historias siguen teniendo el mismo éxito que en sus principios. Su tendencia tradicional gusta porque trasmite seguridad, sinceridad y sencillez. Se puede hablar del “fenómeno Babar” del mismo modo que se puede hablar del “fenómeno Tortugas Ninjas”, con la mera diferencia de que Babar es inmortal, no se reduce a una moda. Ha sabido pasar a la historia.
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