|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Panamericana Editorial Calle 12 No. 34-20 Bogotá, Colombia pamaedit@panamericana.com.co
|
Yolanda
Reyes, desde Bogotá:
y otros secretos por el estilo Antonio Orlando Rodríguez Ilustraciones de Esperanza Vallejo Colección Que pase el tren Bogotá: Panamericana hallar nombres –nada más." Tiene razón Antonio Orlando Rodríguez. En el fondo y, por muchas vueltas que le demos al asunto, la poesía no es nada más ni nada menos que eso: hallar nombres. O, como confiesa el autor, escribir los disparates dictados por un duende mentiroso que vive en su oreja. Así, buscando magia y otros secretos por el estilo donde jamás hubiéramos pensado que existieran, este libro nos revela el universo poético que se oculta detrás de una bicicleta destartalada, entre las espinas de un cactus huraño, en un jabón tímido, resbaladizo y cada vez más flacucho, en las barbas del viento o en unas vacaciones al país donde siempre es domingo.
Tal vez así contados los hilos de la trama –si es que trama tiene el texto– el lector adulto se lleve una idea equivocada. Podría sonarle a lugar común y discutiría si es poético ese regodeo en fórmulas supuestamente infantiles, de las que con tanta frecuencia echan mano los poetas "almibarados" para niños. Sin embargo, en este caso, las imágenes, los disparates y las pequeñas historias que se tejen en torno a las cosas más simples no surgen de estereotipos, sino de una voz interior, profunda y auténtica. Es quizás esa voz la que impulsa al autor cubano a escoger como epígrafe para su libro la célebre frase de Peter Pan: "Yo quiero ser siempre niño y jugar y divertirme". Y sí: en el fondo, los poemas de Mi bicicleta es un hada son la materialización de ese deseo de jugar y de seguir mirando las cosas con los ojos asombrados, pero también irreverentes y lúcidos de un niño. Más allá de los estrechos límites de la rima y la métrica, en los que suele encasillarse la poesía infantil, Rodríguez acude a formas diversas de expresión: Unas veces hace versos libres; otras veces cuenta breves historias; en ocasiones se vale de un aviso clasificado, o simplemente, de un par de frases provocadoras para ofrecer una verdadera caja de sorpresas. Y, dentro de esa caja de sorpresas, la propuesta de ilustración de Esperanza Vallejo se une al colage, llenando cada página de detalles insospechados y de guiños permanentes al lector, quien es invitado también a descubrir cachivaches, fotos viejas, lentejuelas y pequeños tesoros de esos que tanto les gusta coleccionar a los niños. Este libro, ganador del Premio Nacional de Literatura Infantil de la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba en 1987, se suma a la colección
Que pase el tren de Panamericana para demostrarnos que no es tan difícil
como se cree hacer propuestas inteligentes y creativas en el ámbito
de la poesía. Una poesía que no se agota en las palabras
y que nos ofrece también la posibilidad de mirar mil veces las imágenes
y de disfrutar de un conjunto hermoso, como esos álbumes de fotos
que, en cada mirada, nos revelan nuevos secretos.
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|