| Cuatrogat editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez |
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Emecé Mallorca, 237 08008 Barcelona, España |
Antonio
Orlando Rodríguez, desde Miami:
J.K. Rowling Traducción de Adolfo Muñoz y Nieves Marín Azofra Barcelona: SM Aunque desconfiemos de las series y el apabullante éxito comercial de J.K. Rowling resulte sospechoso, hay que admitir que la joven autora escocesa es una digna heredera de los maestros de la literatura infantil británica. Su manejo de la fantasía no tendrá la ingenuidad y la poesía de C.S. Lewis en Las crónicas de Narnia, pero posee una riqueza de elementos humorísticos y de suspense realmente admirable; no será tan transgresora como Roald Dahl, pero algo de la ironía de Las brujas y La maravillosa medicina de Jorge ha dejado huella en la conducta de sus personajes infantiles; y, por supuesto, sus historias de pandilla y colegio son muy superiores, desde el punto de vista literario, a las de Enid Blyton. Pedir “originalidad” a Rowling resulta un tanto forzado y extemporáneo. Ni la serie de Narnia, de C.S. Lewis, ni Michael Ende con su Historia Interminable, fueron originales en el sentido más estricto de la palabra: simplemente se nutrieron de fuentes diversas y enriquecieron sus libros con su imaginación y sus tesis personales. Eso, sin embargo, no impidió que sus obras se convirtieran en clásicas de la literatura juvenil. Cuidado con meter a todas las series en un mismo saco, tildándolas
de ramplonas o de simples subproductos comerciales del tipo R.S. Stine.
Series fueron también Guillermo, de Richmal Crompton, y La
familia Mumín, de Tove Jansson... Quizás estemos presenciando
el nacimiento de un clásico de la literatura infantil y la falta
de costumbre nos haga confundir la gimnasia con la magnesia. Pero, atención,
escribí: quizás. A la vuelta de unos años lo
discutimos...
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