| Cuatrogat editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez |
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El caminante hambriento Cuentos de Calleja (Madrid) Juguetes instructivos Serie VII, T. 127
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Leer
sin saber leer
Irene Vasco Educar ciudadanos autónomos, con criterios para tomar decisiones sobre sus destinos, con avidez por aprender y con comportamientos sociales solidarios, son objetivos primordiales de los adultos encargados de guiar a los niños. Para lograr estos objetivos, es necesario remontarse a lo básico: a la formación de lectores. Enseñar a leer, antes de aprender a leer, es decir, antes de
aprender a decodificar símbolos alfabéticos, es tan necesario
como enseñar a lavarse los dientes. Es por esto que iniciar a los
más pequeños en la vida de la lectura, es uno de los peldaños
más importantes en la educación inicial.
Sólo lo que se ama se cuida y se conserva, dice un poeta africano. Y esto se hace evidente en la biblioteca cuando llegan los niños por primera vez. Si sus universos no han sido nutridos con libros y con afecto, los estantes serán desocupados de inmediato, y los libros servirán para cualquier cosa menos para “leer”. Serán pisoteados, mordidos, mutilados... Los adultos gritarán, los niños llorarán y la biblioteca se convertirá en el lugar menos apetecido por niños y adultos. Si, por el contrario, los niños han aprendido que los libros se leen rodeados por brazos afectuosos, en medio de un ambiente cálido y reservado para un momento de comunicación especial, la biblioteca será el lugar más visitado y mejor cuidado. Los libros acercan el otro lado del mundo, transponen las fronteras de la vida cotidiana, reescriben la realidad con nuevas expresiones, son un medio para conocer y reconocerse, para dejar un deseo de saber más y para proporcionar mundos simbólicos, que permiten abordar los temores de manera segura. En cada hogar, en cada lugar en donde se reúnan niños, especialmente los más pequeños, la palabra y el libro deben estar presentes. Sin estos, los procesos de educación y de crecimiento cultural quedan retrasados, por no decir mutilados. Quienes tienen a su cargo la educación de la población comprendida de cero a cinco años detentan doble responsabilidad, pues es a través del desarrollo integral logrado durante este período que niños y jóvenes dispondrán de las herramientas para acceder a una educación superior, posteriormente. Padres y madres, abuelos, madres sustitutas, maestros, médicos
y enfermeros, psicólogos, religiosos, etc., son los agentes que
tienen la responsabilidad de llevar de la mano a estos futuros ciudadanos
a través de procesos que posibiliten una formación armónica
e integral. La educación es la única alternativa para mejorar
la calidad de vida de todos. La formación de niños lectores
y escritores es una contribución, indispensable y urgente, para
el desarrollo del capital humano del país.
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