Cuatrogats  revista de literatura infantil   número 3   julio-septiembre, 2000  
editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez   cuatrogatosrevista@yahoo.com  
 
Sumario 
Pórtico
Leer y releer
Editoriales
Entrevista
Narrativa
Poesía
Superfavoritos
Entrelíneas
Ojo avizor
Galería
 
  
Alfaguara  
Juan Bravo, 38  
28006, Madrid  
España   
Telefax: (91) 3224771 

 
 
 

 
 
 
 

 
 
 
 
 

  Los niños y el humor  
Hernán Rodríguez Castelo 
 
      El pequeño Nicolás  
      René Goscinny  
      Ilustraciones de Sempé 
      Traducción de Esther Benítez 
      Colección Clásicos 
      Madrid: Alfaguara 
       
El pequeño Nicolás, de Sempé y Goscinny, es la historia de un niño de escuela, de los más pequeños, contada por ese mismo niño, así como Corazón, de De Amicis, es también la historia de un pequeño escolar contada por él mismo. 

Pero aquí acaban los parecidos; todo lo que en Corazón es sentimental y edificante, en El pequeño Nicolás es divertido y casi cínico. El tono de Corazón es romántico; el de El pequeño Nicolás es contemporáneo: aparentemente frío, objetivo, como ajeno a las cosas que cuenta. Y en ese tono estriba buena parte del efecto cómico. Porque lo que se cuenta, así, como si fueran las cosas más simples y ordinarias, está siempre bordeando la catástrofe. Como ese primer capítulo o episodio, el de la foto del grado. Sin que el narrador se inmute, el suceso se va enredando poco a poco, hasta dar en desorden tumultuoso. Tanto que, cuando la maestra consigue por fin poner orden, el fotógrafo se ha ido... 

Así discurren todos esos episodios, que redondean una historia cada uno. Se anuncia algún suceso, propio de la vida de la escuela o casa del pequeño –una visita para jugar a los cowboys, un partido de fútbol, la visita del inspector o del ministro, la compra de un ramo de flores encargada por mamá, las notas, los proyectos de representación teatral, la enfermedad, la "pera" o falta a la escuela, la distribución de premios, la playa, la visita al museo...–; los pequeños se sumergen en él y lo viven a gusto. Pero no, por supuesto, como esperaban los adultos. Y, conforme los pequeños se acaloran, los adultos se sienten perplejos y perturbados. (Y el lector, cada vez más divertido.) Y, cuando los mayores ya no saben qué hacer, los pequeños lo están disfrutando en plena orgía, con bofetadas y todo. Los adultos se dan por vencidos, mientras los pequeños retornan a la vida ordinaria, como si allí no hubiese pasado nada. 

En ese contraste entre las perplejidades y sustos de los adultos y el desenfado de los niños está la filosofía del libro: el mundo infantil que viven Nicolás y sus amigos es hechura y reflejo del mundo adulto, con todos sus defectos –la violencia, el ansia de diversión, el sentido de emulación, los egoísmos, la avidez de sensaciones fuertes–; pero los niños lo viven con libertad y frescura. Y lo disfrutan. Y, después de cada escaramuza, quedan limpios y como si nada. Los niños y el humor pueden redimir hasta ese mundo. 

La ironía de esta visión infantil del mundo debe por igual al texto –de Goscinny– y a los dibujos, de línea tan económica como intencionada, y de tan inconfundible estilo humorístico de Sempé. 
 
Hernán Rodríguez Castelo, escritor y crítico ecuatoriano, es autor de una amplia bibliografía dirigida a los lectores infantiles y juveniles, dentro de la que sobresalen títulos como Caperucito azul, Tontoburro, El fantasmita de las gafas verdes, Memorias de Gris, el gato sin amo y La verdadera historia del cerdito. Ha publicado, además, ensayos y libros de investigación literaria como Claves y secretos de la literatura infantil y juvenil y El camino del lector. Es miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.
 

 
Home 
Sumario 3
Indices
Noticias
Foro
Enlaces