| Cuatrogat editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez v cuatrogatosrevista@yahoo.com |
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Dolmen Ediciones
Cirujano Guzmán 194 Casilla 43 D, Santiago, Chile
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Había
una vez... en América
Ana Garralón Literatura infantil de América Latina Manuel Peña Muñoz Santiago de Chile: Dolmen Ediciones Por eso podemos afirmar la importancia de esta obra y también el esfuerzo que ha supuesto para el autor su realización: no sólo viajes a los países estudiados sino rastreo meticuloso por archivos, bibliotecas y colegas en busca de más datos. Así lo muestra al menos la bibliografía que recoge un sinfín de artículos aparecidos en todas partes. Manuel Peña Muñoz, que en 1998 ganó el concurso literario Gran Angular con su novela Mágico sur, es escritor e investigador desde hace años, reconocido en su país, Chile, por su obra narrativa y también por sus ensayos en torno a la literatura infantil (Historia de la literatura infantil chilena, 1982; Folklore infantil en la educación, 1994; Alas para la infancia, 1996). El investigador ha elegido con acierto un orden por países, de norte a sur, es decir, comenzando con México y terminando con Chile, y, dentro de este orden, respetando bloques culturales y geográficos. Así, la primera parte está dedicada a México, la segunda incluye Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), la tercera está dedicada al Caribe (Cuba, República Dominicana y Puerto Rico), la cuarta se refiere a la puerta de Sudamérica (Colombia, Venezuela y Brasil), la quinta a los países del Altiplano (Ecuador, Bolivia y Perú) y la sexta, a los países australes (Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile). La lectura de las más de cuatrocientas páginas –que se leen con amenidad gracias al estilo asequible que ha elegido el autor y a los numerosos fragmentos que ejemplifican el estilo o la obra de la que habla– nos invita a muchas reflexiones y, aunque la información ha sido cuidadosamente seleccionada, glosar la historia de cientos de años en tantos países es una tarea nada fácil. Leyendo el libro podemos atisbar puntos en común en la evolución de la literatura infantil y juvenil y observamos que las primeras manifestaciones son dadas por el folclore, tanto el llegado de las colonias como el recuperado en los años de los nacionalismos de las culturas indígenas. Que la llegada de la imprenta propicia textos para niños con fines exclusivamente didácticos y que, prácticamente hasta el siglo XX, no aparecen los autores de libros para niños que reivindican su condición. Muchas de las obras publicadas por entonces por maestros llenos de tan buenas intenciones como de malas aptitudes para escribir, no hacían más que completar un panorama en que la infancia era tratada como una etapa que había que superar con rapidez y a la que los escritores de obras para adultos ni se dignaban a considerar. Excepciones hay, como José Martí (Cuba) o Rafael Pombo (Colombia). También es de destacar el empujón que las obras para niños tienen a partir de los años veinte: Horacio Quiroga (Uruguay), Monteiro Lobato (Brasil), Javier Villafañe (Argentina), publican obras que aún hoy se siguen leyendo y se consideran clásicas. También a partir de los años cuarenta se observa una mayor variedad en cuanto a tendencias y estilos y la historia económica y política y social de cada momento favorecerá el género (Claudia Lars en El Salvador, Dora Alonso en Cuba, María Elena Walsh en Argentina, por ejemplo). Los años contemporáneos, tan llenos de producción propia en algunos países como de escasa en otros, obligan al autor a una mayor brevedad para poder resaltar las líneas más importantes de la producción. Manuel Peña Muñoz no sólo investiga la literatura infantil sino que también hace un recorrido por el teatro y los títeres, de aconsejada lectura para todos aquellos que estén interesados en los libros para niños o en la infancia. Toda la obra tiene el sello personal del autor: sus recuerdos de los viajes, comentarios sobre aquellos autores o investigadores que conoce, hermosas referencias de los países estudiados y su cultura, breves citas, evitando de esa manera ahogar un texto tan repleto de datos útiles como de sugerencias para leer. Podemos decir que, en estos momentos, se trata de un libro único y valioso, fruto del entusiasmo y del amor que un investigador como Manuel Peña Muñoz siente por los libros.
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