Cuatrogats  revista de literatura infantil v número 2 v abril-junio, 2000  
editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez v cuatrogatosrevista@yahoo.com  
 
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Ilustración de Esperanza Vallejo 
Los besos de María 
Triunfo Arciniegas 
Revista infantil Espantapájaros, Bogotá, 1992   
 
 

 

  
  
  
  

  
  
  
  
 

  Apuntes sobre la obra de Esperanza Vallejo  
Sergio Andricaín     
 

Desde que lo "descubrí", el quehacer plástico de Esperanza Vallejo no ha dejado de sorprenderme. Entré en contacto con él a través de un conjunto de imágenes realizadas para la revista Espantapájaros hace ya algunos años. Las ilustraciones acompañaban historias de los autores Triunfo Arciniegas y Antonio Orlando Rodríguez (“Los besos de María” y “Las trenzas de Fiorella”, respectivamente). Los dos textos, muy distintos el uno del otro, sugerían tratamientos disímiles, y así fueron las propuestas de Esperanza Vallejo: marcadamente diferenciadas, revelando, en ambos casos, una atenta lectura de los relatos. Sin embargo, al contemplar esas imágenes, también percibí que ellas guardaban algo en común: ponían de manifiesto que su creadora era dueña de un sentido del humor muy singular, el cual le permitía leer, de manera distanciada y aguda, la realidad circundante. Y era ese saber el que luego utilizaba Esperanza Vallejo para interpretar las historias infantiles y trasvasarlas al lenguaje de las artes plásticas mediante el uso de recursos expresivos contemporáneos muy cercanos al pop art y al kischt. 

 
Ilustración de Esperanza Vallejo 
Las trenzas de Fiorella, de Antonio Orlando Rodríguez 
Revista Espantapájaros, Bogotá, 1993 

Desde entonces, mi admiración por la obra de esta artista colombiana ha crecido año tras año. Me sigue llamando la atención su inagotable afán de renovación, ese deseo de que cada libro tenga un toque original, único y distintivo, que lo convierta en algo singular dentro del contexto de su propia producción artística. Para lograrlo, cuenta con un amplio y profundo dominio de técnicas que van del óleo al acrílico, pasando por la plumilla, el lápiz de color, el collage, la técnica mixta, el grabado…Y basta que alguien –sea este un colega o, simplemente, un alumno– le comente acerca de los curiosos efectos que produce la aplicación de la sal sobre la tinta fresca para que, enseguida, ella comience a experimentar, a jugar y a divertirse (porque eso y no otra cosa es lo que hace cuando trabaja), para después aplicar los resultados al próximo encargo de una editorial. 

Un rasgo presente en muchas de las ilustraciones de Esperanza Vallejo es el espíritu lúdico que las anima. Muchas de sus imágenes parecen rondas donde confluyen elementos dispares: besos impresos con lapiz labial sobre papel, florecitas y hojas disecadas, cromos antiguos, bisutería barata tomada de quién sabe que joyero, viejos sellos de correo… todos danzando armonicamente dentro de la página, al compás dictado por la varita mágica de esa maestra de hechicería y encantamientos que responde al nombre de Esperanza. 

 
Ilustración de Esperanza Vallejo   
Palabras que me gustan   
Clarisa Ruiz   
Bogotá: Norma, 1988  

Pero, como es dueña de una sensibilidad de amplio registro, su creación no sólo transita por la cuerda humorística. Esperanza Vallejo también puede conmovernos con el  lirismo de sus imágenes; así sucede con las ilustraciones que acompañan el “Álbum de recuerdos de Wolfgang Amadeus Mozart”, escrito por Irene Vasco, o los cuentos de La Edad de Oro, de José Martí. En esas propuestas, la artista apela a recortes de periódicos y revistas que utiliza para armar una composición básica; luego, como si se tratase de un palimpsesto, dirige su pincel hacia el rostro adusto pegado sobre la cartulina (o puede ser una figura completa o un objeto cualquiera) y lo hace desaparecer bajo una capa de color, para luego recrearlo a su capricho, con otra expresión, quizás con una amable sonrisa. 

 
Ilustración de Esperanza Vallejo 
Álbum de recuerdos de Mozart, de Irene Vasco 
Revista infantil Batuta, Bogotá, 1996 

El empleo de la palabra escrita es otro recurso estilístico al cual apela la artista. Hay ilustraciones en las cuales un fragmento es reproducido para subrayar una intención del escritor o para destacar una frase que ha encontrado especial resonancia en la creadora. En otros trabajos, los textos son concebidos por Vallejo. También se da el caso de los fragmentos recortados de periódicos, revistas o libros. (No es extraño hallar en sus propuestas pedazos de partituras musicales.) El uso de estos textos siempre tiene una intención plástica justificada: dotar de detalles alguna figura, hacer que funcionen como una línea, dotar de movimento a los elementos presentes en el dibujo. Quizás el ejemplo más claro sea Palabras que me gustan, de Clarisa Ruiz. Véase en la portada el sustantivo mar que, al repetirse, hace quebradizas y movidas las olas, o los versos que sugieren la caída de la lluvia en la página treinta y dos. La palabra incorporada a la ilustración, entra en una nueva dinámica con la imagen, y adquiere nuevas connotaciones, permitiendo una lectura más rica del libro.  

 
Ilustración de Esperanza Vallejo 
Palabras que me gustan 
Clarisa Ruiz 
Bogotá: Norma, 1988 

La paleta de Vallejo es profusa y rica en contrastes. Muchos de sus trabajos llaman la atención por su colorido, por los sorprendentes efectos logrados al mezclar las tonalidades, todo esto hecho con el propósito de enriquecer visualmente sus imágenes, dotando a cada elemento de insólitos detalles cromáticos. Precisamente, la artista se regodea creando esos detalles en las ropas, en los rostros, en los muebles, en las plantas, en los animales...; y para lograrlo, no sólo dispone del color, sino de otro recurso que domina a la perfección:  la línea. Esta alusión al trazo de Esperanza me permite resaltar un rasgo que lo caracteriza: su versatilidad. La línea de Esperanza puede ser fina, apenas perceptible, o gruesa y remarcada; regular y segura u ondulante y nerviosa... Su quehacer suele estar muy apegado a las líneas curvas, a las volutas, a los elemetos circulares, lo cual hace que sus ilustraciones posean cierto carácter barroco, remarcado por el colorido y el  el abigarramiento de la composición. 

Cuando uno observa la amplia iconografía concebida por Esperanza Vallejo para los libros infantiles, se llega a la conclusión de que en esta se encuentran presentes los resultados de un sistemático estudio y análisis del arte de todos los tiempos: desde las pinturas rupestres de Altamira hasta los trabajos de Andy Warhol, desde los grabados japoneses del siglo XIX hasta los óleos de Vincent van Gogh. Estas son las verdaderas influencias que han marcado su quehacer, más que la producción de otros ilustradores o las tendencias en boga en el mundo de las ediciones para la niñez. De ahí, ese sello tan personal y, a la vez, tan universal que tienen sus propuestas. 

Esperanza Vallejo trabaja en su apartamento del barrio de La Soledad, en Bogotá, casi pegada al cielo; en el último piso del edificio en que vive, va plasmando sobre la cartulina o el papel, sus sueños y desilusiones, sus felicidades y angustias, así como su peculiar manera de leer un texto para replantearlo, apelando a un código no linguístico: el de las formas y el color. Sus imágenes podrán permitir una lectura paralela, ser una ayuda para desentrañar los recónditos y múltiples sentidos del texto o, simplemente, subrayar las intenciones del escritor, pero siempre serán una verdadera fiesta para los ojos, un ejercicio de libertad para el corazón y el pensamiento. Y, atención, no se extrañe si un día, al pasar las páginas de un libro "iluminado" por ella, descubre una estrella de verdad: seguramente, mientras dibujaba, Esperanza extendió su mano al cielo y  tomó prestado ese puntico de luz para completar su labor. 

 
Sergio Andricaín, crítico e investigador literario cubano, ha publicado Puertas a la lectura, Escuela y poesía, El libro de Antón Pirulero y Espacios para la promoción de la lectura, entre otras obras. Sus artículos han aparecido en revistas especializadas de Cuba, Colombia, Argentina, España, Venezuela, Brasil y otros países. Recientemente la editorial Magisterio, de Bogotá, dio a conocer  su antología de poesía cubana para niños Isla de versos. Profesor del Taller Modular Centroamericano de promoción de lectura y coautor de la colección Biblioteca del Promotor de Lectura, proyectos desarrollados por la Unesco entre 1992 y 1993. En Colombia, fue socio fundador de la asociación Taller de Talleres y editor de la revista infantil Batuta.
 

 
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