| Cuatrogat editores: sergio andricaín y antonio orlando rodríguez v cuatrogatosrevista@yahoo.com |
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Ilustración de Manuel Tomás González (Cuba) Juegos y otros poemas Mirta Aguirre La Habana: Gente Nueva, 1988
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Los
puntos sobre las íes:
Resulta
poco frecuente comentar un libro que todavía no existe. Sin embargo,
este artículo trata de una obra de próxima aparición
que, desde su génesis misma, tiene una grave deficiencia que es
necesario señalar.
Cada sección nacional de IBBY ha tenido autonomía para escoger un determinado grupo de escritores e ilustradores, vivos, que por sus obras, distinciones y trayectoria consideren representativos de lo mejor de la producción del país. El Comité Cubano de IBBY da una nota… discordante Aprovechando, precisamente, esa prerrogativa de la libre elección, el Comité Cubano de IBBY, que tiene como presidenta a Emilia Gallego Alfonso y como vicepresidente a Enrique Pérez Díaz, tomó la determinación de excluir de su selección de autores e ilustradores importantes a todos aquellos artistas que, por motivos de diferente índole, no residen en el país. El argumento esgrimido para explicar tan insólita decisión es que, puesto que el catálogo será un medio para “promocionar” a los escritores e ilustradores, los beneficiados deben ser aquellos que viven en la Isla. La conclusión obvia que se deriva de ese criterio es que los artistas que radican fuera de Cuba se “promocionan” solos y no necesitan del reconocimiento ni del apoyo del Comité Cubano de IBBY. Respetamos esa determinación, aunque nos parece descabellada e injusta, porque cada institución tenía el derecho de establecer los patrones para definir la muestra que se supone sea representativa de su país. Sin embargo, de la misma manera, nos arrogamos el derecho de disentir de los parámetros establecidos y de exponer algunas consideraciones. Cabe preguntarse, ¿qué clase de catálogo latinoamericano será ese, donde en el capítulo dedicado a Cuba –uno de los grandes focos creativos de la literatura y la ilustración de libros para niños en la región– estarán ausentes varios de sus artistas de mayor valía? Todo lector medianamente familiarizado con el libro infantil y juvenil de la Isla se dará cuenta, en el acto, de que la representación cubana en el catálogo que circulará para el congreso de IBBY tendrá notables vacíos. Pero ello no será tan evidente –y eso es lo grave– para aquellos que no tienen información previa sobre el tema. Escritores: los que no debían faltar Pasemos revista a algunos de los escritores e ilustradores que deberían figurar en el catálogo, pero que, si nos atenemos a las reglas del juego establecidas por el Comité Cubano de IBBY, quedarán fuera de él. David
Chericián, el más importante autor vivo de la poesía
cubana para niños y una figura clave del género en nuestra
lengua, quedará excluido de la publicación por una sencilla
razón: desde hace varios años se encuentra radicado en Colombia.
En ese país han visto la luz sus más recientes libros. ¿Qué
representatividad puede tener una muestra de escritores cubanos significativos
de la que esté ausente el creador de Caminito del monte,
Dindorindorolindo y Rueda la ronda?
También
estará ausente del catálogo –si en verdad el Comité
Cubano de IBBY es consecuente con sus criterios de selección– el
poeta y narrador Aramís
Quintero, escritor que vive en la actualidad en Santiago de Chile,
donde trabaja para la televisión.
Otro autor
que faltará en este proyecto será el narrador, poeta e investigador
literario Antonio
Orlando Rodríguez. Su bibliografía, que es amplia y abarca
diferentes géneros, es conocida en numerosos países de Iberoamérica.
No todos los días un autor cubano gana uno de los premios del concurso iberoamericano Juan Rulfo, convocado en París por Radio Francia Internacional. Chely Lima lo consiguió cuando su relato para niños El cerdito que amaba el ballet convenció a un jurado en el que figuraban Augusto Monterroso, Jorge Edwards, Alexis Márquez y Fernando del Paso. Pero los futuros lectores del catálogo latinoamericano que circulará en el congreso de IBBY se quedarán sin saberlo, ya que esta autora también será omitida del mismo. ¿La razón? Chely Lima reside en Quito. Por similar motivo, su esposo León Alberto Serret también quedará eliminado, a pesar de su destacada trayectoria reconocida con prestigiosos galardones. Tampoco, supongo,
figurará en el catálogo de marras el narrador y crítico
Joel
Franz Rosell, quien ha vivido en Brasil, Dinamarca y Francia y acaba
de instalarse en Argentina, y ha publicado sus libros más recientes
con editoriales extranjeras. Él también ha escrito muchas
páginas en importantes revistas, divulgando la literatura infantil
que se hace en Cuba, pero… aún así: ¡kaput!
Entre los autores que irrumpen en la literatura infantil y juvenil cubana a fines de los ochenta cabe destacar a Sindo Pacheco. Como ahora vive en Estados Unidos de Norteamérica, tampoco tendrá un lugar en las páginas del catálogo. Que falte la escritora Hilda Perera, radicada en Miami desde hace largos años, no sorprenderá a nadie, porque su importante obra narrativa ha sido sistemáticamente ignorada y desconocida en Cuba. Perera fue una de las pioneras de la literatura infantil de la Isla con su libro Cuentos de Apolo (1947), un texto de extraordinaria relevancia. Y aunque hace poco un cuento suyo se incluyó en una antología aparecida en Cuba, todo parece indicar que allí sigue siendo persona non grata. Otros escritores significativos Aunque en un catálogo de este tipo el número de autores a incluir suele ser reducido, quiero mencionar los nombres de varios escritores que no tendrán siquiera la posibilidad de aspirar a un espacio en la publicación, dado que viven fuera de su país. Así sucederá con un grupo de creadores que residen en Estados Unidos de Norteamérica: Emilio de Armas, ganador del premio internacional Casa de las Américas por el poemario Junto al álamo de los sinsontes, publicado en Cuba y en Argentina. Daína Chaviano, autora de las colecciones de cuentos Los mundos que amo y País de dragones, premio nacional La Edad de Oro, editado en Venezuela. Mary Nieves Díaz, autora de libros de divulgación científica y de relatos como La extraña ciudad de los pequeños habitantes y Aunabay en el país de pájaros y frutas. Yanitzia Canetti, autora del libro Secretos de palacio, publicado en Cuba, y de otros textos difundidos en Estados Unidos y España. Daysi Valls, quien publicó el cuaderno de narraciones El monte de las yagrumas. Y Miguel Martín Farto, narrador, autor de La parrandita y de El secreto del arco iris, libro este publicado recientemente en Miami. Otros autores que no se tomarán en cuenta son: Anisia Miranda, quien a principios de los años sesenta entregó títulos como Becados y que, con posterioridad, amplió su bibliografía con La primera aventura, Los cuentos del compay Grillo, El regreso del compay Grillo, Cuando el Che era Ernestito, Viet Nam y tú, Pepe Martí, Las vacaciones de Lidia, Lidia tiene un cocuyo y La casa nueva de mis abuelos. Radicada en Galicia, España, Miranda ha publicado en los últimos tiempos Pardela amiga y Cantarolas (este último libro, en colaboración con su esposo Xose Neira Vilas), además de reeditar, traducidas al gallego, muchas de sus creaciones. Antonio Benítez Rojo, autor de la novela juvenil El enigma de los esterlines, residente en España. Ricardo Ortega, quien dio a conocer en La Habana la novela juvenil La aventura de la Cruz Pinera, también radicado en España. Francisco Garzón Céspedes, dramaturgo establecido en España, autor de Redoblante cuenta que te cuenta, Redoblante cuentero y Redoblante y el hojarasquerito del monte. José Antonio Gutiérrez, poeta y acucioso investigador literario radicado en Venezuela, autor de libros de versos como Por entre los sueños… canto, Acuarela y Con un garabato, y del ensayo Ese niño de La Edad de Oro. Eddy Díaz Souza, residente también en Venezuela, autor de diversas obras de teatro infantil y ganador del premio Fundarte, en Caracas, con Bernardino Soñador y su cafetera mágica. Roberto Pérez León, autor del libro Cuentos de abuelas, quien radica en Caracas. Eliseo Alberto, conocido novelista, quien vive en México y aportó a la narrativa infantil y juvenil cubana dos títulos: Algo de corazón y La fogata roja (premio nacional de la crítica cubana). Emma Romeu, quien reside en México, autora de Gregorio y el mar y otras novelas. Emma Artiles, poetisa y narradora radicada en Chile y autora de El alma en una nube e Ikebana, entre otros libros. Froilán Escobar, autor de El monte en el sombrero, radicado en Costa Rica. Eric González Conde, autor de Machacando almendras y de Los cuentos de Luis Tosco, quien vive en Costa Rica. Pudieran añadirse otros nombres, pero esta lista de escritores ya va resultado interminable… ¿Y los ilustradores? Si las estrictas reglas del Comité Cubano de IBBY no tienen excepciones, la ilustración del libro infantil de la Isla no quedará muy bien representada en el catálogo. Reinaldo Alfonso, uno de los pioneros y maestros indiscutibles de este arte en Cuba, queda excluido por residir en Ecuador. Enrique Martínez, ganador del premio Noma, en Japón, y del premio A la orilla del viento, en México, también estará entre los creadores cubanos ausentes en el catálogo. Su quehacer de varios años como director artístico de la editorial Gente Nueva, lo hacen merecedor de un tratamiento más justo. Pero..., él vive en Ciudad de México. También vive en México, y por tanto no será tomado en cuenta a la hora de escoger una muestra representativa de ilustradores cubanos de calidad, Constante “Rapi” Diego. Radicado en Belice, Manuel Tomás González es otra de las figuras insoslayables de la ilustración cubana de libros infantiles por el volumen y la calidad de su producción. Lázaro Enriquez es uno de los ilustradores cubanos que tiene mayor reconocimiento internacional en el momento actual. Obtuvo el segundo premio del concurso Noma, en Japón, y su trabajo es bien valorado actualmente en España, donde reside. Otro grande de la ilustración cubana, el gallego-cubano José Luis Posada, tampoco tendrá oportunidad de aparecer en este catálogo. Su hazaña artística de ilustrar tres veces, con propuestas diferentes y todas magistrales, el libro Ponolani, de Dora Alonso, es un hito que valdría la pena divulgar más.
Como aún quedan por esbozar algunas conclusiones, mencionaré a otros dos ilustradores importantes que no podrán aspirar a un espacio en la publicación, a causa de los criterios de selección establecidos por el Comité Cubano de IBBY. Se trata de Manuel Castellanos (Cuentos de Guane), radicado en El Salvador, y de Umberto Peña (Primitivos relatos contados otra vez), quien vive en Estados Unidos de Norteamérica Al pan, pan… Y a la literatura infantil cubana, ¿qué? Todos los creadores que he enumerado son cubanos, aunque no residan –por razones de distinta índole, que no viene a cuento abordar– en el país donde nacieron, crecieron, se formaron profesionalmente y publicaron sus primeros libros. En el caso de muchos de ellos, sus libros se siguen editando en la Isla e incluso han merecido el premio La Rosa Blanca, que otorga cada año la Unión de Escritores y Artistas a las mejores obras para niños y jóvenes. En los libros del Ministerio de Educación en los que aprenden lengua española los niños de la enseñanza primaria de Cuba, abundan textos firmados por algunos de los escritores que he relacionado. El criterio de selección esgrimido por el Comité Cubano de IBBY contradice flagrantemente la política cultural de Cuba en los últimos tiempos. Esos lineamientos oficiales hablan de concebir el arte cubano como una suma de lo que producen sus creadores tanto dentro del territorio nacional como en el extranjero, lo cual resulta lógico. En un momento en que se habla de borrar fronteras entre los artistas de “adentro” y de “afuera” de la Isla, y de integrar y reconocer como parte del patrimonio nacional los aportes realizados desde cualquier latitud, el Comité Cubano de IBBY cercena y atomiza el movimiento de la literatura infantil de Cuba. Supeditar la inclusión de un creador en el catálogo que se editará próximamente al hecho de que éste tenga o no su residencia en Cuba, puede interpretarse de dos maneras: a) Como un criterio de carácter político y excluyente, o b) Como una postura oportunista de los seleccionadores, que favorece la inclusión de creadores de trayectoria menos significtiva. El resultado de la decisión del Comité Cubano de IBBY será que en el catálogo que circulará durante el congreso mundial de dicha organización, la literatura cubana para niños y jóvenes estará representada solamente por un segmento de sus creadores: los que viven en la Isla. Y no se trata de que vaya a faltar calidad. Estarán –¡así queremos creerlo!– escritores sobresalientes como Dora Alonso (Palomar, El cochero azul, El valle de la Pájara Pinta), Nersys Felipe (Cuentos de Guane, Román Elé, Maísa), Ivette Vian (La Marcolina, Siete cuentinos, Casa en las nubes), Julia Calzadilla (Los poemas cantarines, Cantares de la América Latina y el Caribe, Los chichiricú del Charco de la Jícara) y Luis Cabrera Delgado (Tia Julita, Ito, Catalina la maga). Seguramente serán tomados en cuenta, también, otros creadores como Luis Caissés Sánchez (El pintorcillo, Cuentos como flores y cantos para raíces, Cuentos nuevos que parecen antiguos) e Iliana Prieto (Querido diario, La princesa del retrato y el dragón-rey). Ojalá no falte una representación de los dramaturgos pues, en lo tocante al género dramático, Cuba tiene mucho que mostrar a Latinoamérica y al mundo. Pienso en autores de obras de teatro infantil como Freddy Artiles (El pavo cantor, ¡Llega el circo!), René Fernández (Romance del papalote que quería llegar a la luna, Los ibeyi y el diablo) y Gerardo Fulleda León (Ruandi, Provinciana), entre otras figuras importantes. Por suerte para la ilustración infantil cubana, su maestro indiscutible, Eduardo Muñoz Bachs, reside en la Isla. Damos por sentado que este gran ilustrador (Los payasos, Cuentos de cuando La Habana era chiquita, Abuelita Milagro, Cantos para un mayito y una paloma) figurará en la publicación.
Así mismo, esperamos encontrar en la publicación a Miriam González Giménez, Bladimir González, Rita Gutiérrez Varela, Roberto Fabelo, Zaida del Río, Vicente Rodríguez Bonachea y David Rodríguez. ¿Quién sale perdiendo? Los excluidos del catálogo resultan, de alguna manera, perjudicados, es cierto. Pero el principal perjuicio que sufren es el de sentirse desterrados de un sitio que les pertenece por derecho propio: la literatura y la cultura cubana, a la cual han contribuido. Y también, la constatación de que el Comité Cubano de IBBY pretende colocarlos en “tierra de nadie”, como si se tratara de parias, lo cual es una condenable injusticia. Parece que la sección cubana de IBBY ha olvidado el principio martiano de que "honrar, honra". En realidad, los grandes perjudicados van a ser todos aquellos lectores que –sin conocimiento de la literatura infantil y juvenil de Cuba– se acerquen a las páginas de este valioso proyecto editorial latinoamericano y queden desinformados con una selección incompleta y sesgada. Pese a exclusiones como la que teje el Comité Cubano de IBBY, la literatura infantil de Cuba es algo más que la muestra pálida y no representativa –a causa del criterio que la sustenta–, que se divulgará. La literatura infantil cubana es una y seguirá contando con el aporte valioso e insoslayable de quienes la escriben, la difunden y la defienden, desde otras latitudes, con un sentimiento integrador. Sirvan estas notas como un alerta para los futuros lectores del catálogo y como una invitación a acercarse con mirada crítica a las páginas que el volumen dedicará a Cuba. Al tenerlo en sus manos, recuerden el refrán que dice: "No están todos los que son, ni son todos los que están".
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